domingo, 12 de mayo de 2013

Los Efectos De Una Buena Comida


Se acercan, saludan muy amablemente, son presentados a las otras tres personas que hacían parte del mismo círculo de conversación y, unos minutos después, los anfitriones los guían a su mesa asignada.
La pareja se sienta, con mirada curiosa hacia los otros invitados que se van sentado en la mesa.
No cruzan palabra más que un saludo formal y un ‘mucho gusto'. Silencio incómodo. Miradas evitadas. Sonrisas forzadas.
Nadie se atreve a empezar una conversación pues nadie sabe quién es el que está al lado suyo.
La tensión es interrumpida de repente por el mesero que se acerca y pone el pan en la mesa.
Pasan cinco minutos hasta que finalmente un hombre joven que viene sin acompañante se estira para tomar la primera rebanada.
Lo prueba y dice que está delicioso.
La mujer sentada a su derecha lo escucha y agarra otra rebanada. ‘Si, está delicioso', y empieza un pequeño intercambio de palabras entre los dos. Llega el mesero con el agua y el vino.
El hombre que primero tomó el pan brinda con la mujer a su derecha, y todos en la mesa se unen al gesto.
Para cuando sirven las entradas, ya hay una conversación formal alrededor de toda la mesa.
Las comidas organizadas tienen dos funciones principales: la primera, bastante obvia, es alimentar a la gente; la segunda, de tipo más social, es unir a la gente.
Grupos de personas grandes o pequeños, de familiares, de amigos y hasta de desconocidos son reunidos alrededor de una mesa y, con la evolución de la comida, se abren a una conversación.
Todo anfitrión debe tener en cuenta que cuando decide organizar un evento de este tipo, especialmente con gente que no se conoce entre sí, debe ser pensado en que haya una posibilidad de interacción; satisfacción tanto para el que da como para el que recibe.
Un banquete debe ser entendido por sus invitados como un acto generoso, humilde, con un toque de gusto personal.
Es indispensable, por supuesto, que la comida sea buena para lograr esa interacción positiva anhelada.
No estoy hablando de costos o extravagancias; la comida debe estar en sintonía con el objetivo y ambiente del evento, ya sea informal, elegante, alegre, serio, etcétera.
Una mala selección puede ser la excusa perfecta para ausentarse y lograr una falta de interacción parcial o total.
Por el contrario, un buen sabor, una buena textura, un gran e ineludible olor nos hace olvidar todo problema o preocupación de nuestra agitada y estresante cotidianidad y logra desinhibirnos en un estado emocional más relajado, ameno y placentero. 

Vuelvo y repito, una buena comida unifica. Y no dejemos de lado la importancia de los tragos.
No hay mejor acompañante para una carne que un buen vino tinto, ni un mejor cierre para un gran festín que un baileys o un carajillo.
El alcohol es un elemento fundamental para la prolongación de cualquier acontecimiento después de que se acaba la comida.
El ron, el tequila y el whisky son expertos en convertir cualquier evento social en una gran fiesta, así que si eso es lo que buscas, no puedes dejaros por fuera.

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